Just the way you are

Buenos días a todos, hace mucho que no pasaba por aquí eso no significa que lo haya abandonado, sin embargo tratare de entrar más seguido.
Por ahora solo comparto un vídeo que personalmente me encanta ver y escuchar, en especial por la letra y qué decir de la melodía, hacen una combinación espectacular, la forma en que describe cada característica de esa persona y lo admirado que él esta por que así sea, pues lo que realmente importa es ser uno mismo, o como dice la canción, "simplemente me gustas como eres" :)
 
¿La escuchamos....?

Promesas Rotas VI (final)

 
Solo se sentían ligeros movimientos que hacían estremecer su cuerpo de dolor, el brillo del sol junto con el ruidoso ambiente la confundieron, cayendo en un ligero sueño que la aprisionaba por ratos, sentía frío y ardor en las extremidades, un constante dolor en la cabeza la inquietaba, pero las voces a su alrededor le clamaban que se mantuviera quieta que todo saldría bien.

El olor a frío y medicamentos le indicaron dónde se encontraba, el pulcro lugar le trajo a la mente lo ocurrido, se tranquilizó al verse a salvo pero no duró mucho porque buscaba a alguien más. Destellantes imágenes de lo ocurrido venían a su mente, colores que se mezclaban con sangre, palabras de amor y despedida que apenas pudo oír, estremecieron su cuerpo que quería bajar de la cama y salir a buscarlo, pero las enfermeras se lo impidieron regresándola a la fuerza a permanecer recostada, sedada, durmiendo, olvidando, llorando en silencio, culpándose de lo ocurrido.  
Sus heridas físicas no eran graves, pequeños raspones y moretones que pronto pasarían, pero seguía sintiendo dolor, seguía quejándose por las heridas, seguí reviviendo cada paso, cada detalle de lo ocurrido, cada que podía se preguntaba: “Y si, no hubiésemos salido ese día”, “si hubiéramos esperado un poco más antes de regresar de las cataratas”, “si no hubiera insistido en ir a ese lugar”, “si tan solo estuvieras aquí…conmigo”
Sus tardes ya no eran las mismas, las cortinas de la casa se mantenían cerradas, la taza de café que siempre estaba lista en la mañana era la misma de hace algunos días, el aroma de su ropa se colaba entre los mínimos espacios por los que podía estar. Las luces de la casa ya no iluminaban a pesar de la intensa luz que emitían, luchar con los recuerdos la envolvían en horas de llanto, dormir o estar despierta daba lo mismo, las llamadas no dejaban de llegar pero ninguna fue contestada. Durante tres días se mantuvo la misma situación, completo silencio en la casa, hasta que entre sollozos  en plena madrugada sus labios pronunciaron su nombre y el deseo de verlo empezó a crecer en ella. No pudo conciliar el sueño y solo rondaba una idea en su mente, verlo otra vez. Llegó la mañana y empezaba a caer la tarde cuando las vestiduras de sufrimiento se guardaron en el olvido y un nuevo traje la vistió de confianza, llamó a un taxi, le dio la dirección y en diez minutos llegaron, bajó del auto, miró a su alrededor y no era la única acudiendo a ese lugar, se sintió aliviada al no ser la única en esa situación, pero luego se deshizo de su pensamiento egoísta. Paso a paso desfilaba su dolor, la compañía en todo momento, sus ojos no voltearon a los costados solo seguía una dirección, solo quería estar en un lugar, junto a él. El espacio que la rodeaba la hacía sentir insignificante en medio de tanto movimiento, en toda esta calma que la hacía desvariar. Aún de pie decidió bajar la mirada tomando esa pose como si fuese la única que conociese su cuerpo. Gotas de tristeza caían por sus mejillas hacía el césped de la fría tumba que no quiso ver cerrar, palabras silenciosas se pronunciaron en medio de la multitud y el viento no hizo más que envolverla en un abrazo consolador, haciendo que cayera recostada sobre la tumba a quien ella no olvidaría.
 
FIN...
 

Promesas Rotas V

 
 
El ligero sonido de la tierra desprendiéndose se escuchó a destiempo, cuando las ramas y el barro arrastraban el auto al abismo, sacudiendo a los pasajeros en su interior, los gritos se volvieron inaudibles, el sueño ya no estaba presente era una pesadilla al abrir los ojos y verse envuelto en barro, rocas y ramas desprendidas, las ventanas semi cerradas dejaban entrar la tierra húmeda mientras los pasajeros se aferraban a sus asientos evitando golpes que no se podían evitar. El auto parecía patinar en medio de tanto fango, los neumáticos resbalaban sin que el conductor pudiera hacer algo por controlarlos. El sonido de vidrio rompiéndose impacto en los oídos de los pasajeros, la imagen de una larga rama atravesándose por el parabrisas los dejó atónitos, no tanto como el grito de dolor que venía de Gerardo que ahora tenía el rostro inexpresivo, ni dolor o sufrimiento, solo una mirada perdida en el vacío. Respiraciones agitadas que se ahogaban bajo el naranja barro que los cubría y se pintaba de sangre, bajo al abrumador recuerdo de un día perfecto, el recuerdo que solo es eso, un recuerdo al que no se puede volver, no se puede retroceder. Sin salida, solo eso y ninguna opción de escapar del abrazo de la muerte que respiraba en sus rostros palabras de eterno descanso.
 
Mientras el auto era totalmente cubierto por el barro, los vehículos que venían delante de este se detuvieron y llamaron por ayuda, pero todo pasaba tan aprisa que de una u otra manera ayudaron con algunas cuerdas que pudieron conseguir intentaron sostener el auto evitando que cayera al abismo, entre hombres y mujeres se esfuerzan por desenterrarlo, por salvar a sus pasajeros, pero el barro es muy rudo y no se los permite. Los segundos se vuelven eternos en los ojos de las víctimas, a tal punto de permanecer inconscientes sumergidos en un sueño que resulta mejor que la realidad.
 
-          Amor, despierta, llegaremos tarde para la película, ¿recuerdas?- dijo Camila al tiempo que se acercaba al lado izquierdo de la cama para levantar a Gerardo
-          Cinco minutos más…- lo dijo acurrucándose más sin ánimo de salir de ella.
-          Muy bien tú lo pediste- ella se acercó solo para darle un cálido beso que encubría su verdadera intensión, hacerlo reír por las cosquillas que tenía preparadas. Entre risas y besos los cinco minutos se hicieron horas que pasaron aprisa en el reloj. La calidez de sus cuerpos los mantenía atados sin intensión de soltarse y repentinamente una petición apagó los murmullos dejando un ligero silencio entre ellos.
-          Prométeme que no morirás antes que yo, dijo Camila tomando el rostro de Gerardo entre sus manos y  mirándolo a los ojos con la seriedad que merecía esa petición, mas él la abrazo fuerte a su pecho y en un susurro le confió dos palabras como un secreto: “lo prometo”

Promesas Rotas IV


 
Continuación......
De regreso a su cabaña, ambos se detuvieron solo para contemplarse el uno al otro y entregarse en un cálido abrazo como nunca se lo habían dado, aquella noche ambos soñaron en la misma almohada, apaciguando el deseo que tenían sus cuerpos de estar juntos, cansados de tanto amor, cayeron rendidos, abrazados, con ánimos de no soltarse jamás, mantenerse siempre unidos.
Los primeros rayos de sol de la nueva mañana se apresuraron a colarse por las ventanas iluminando todo a su paso, encaprichados en despertar a quien encuentre a su paso, obligando a parpadear a los ojos aun dormidos de quienes reposaban aun en la cama, los ligeros movimientos tratando de evadir los rayos del sol no funcionaron y ambos se vieron obligados a despertar y levantarse a un nuevo día, sonriendo a pesar del sueño dejaron la cama y se alistaron para explorar  el lugar. El aroma de la naturaleza los envolvió hipnotizándolos a continuar.
-          Qué te pareció la idea de venir aquí amor- pregunto Camila sin dejar de lado una sonrisa al final de la oración
-          Tu qué crees mi cielo- respondió Gerardo al tiempo que la abrazaba a su pecho
-          Amor, no sé por qué pero de pronto me acorde de la noche que saliste con tus amigos, ¿recuerdas?
-          Ah, esa noche, bebí demasiado
-          Más aún por lo resfriado que estabas, te embriagaste deprisa
-          Si amor, lo recuerdo; también me acuerdo que llamaste
-          Y con eso comprobé tu estado, me causó gracia la manera en que hablabas, no te había oído así antes y me pareció algo cómico, en especial cuando hablabas y no entendía nada de lo que pronunciabas
-          Jajajaj, pues sí pero, de alguna manera me alegro que eso haya pasado
-          ¿Ah sí? Y por qué- le interrogó Camila con asombro
-          Porque viniste a verme, no creía que harías eso, pues estabas en el aeropuerto ya para abordar el avión
-          Cierto, ese día iría a la central en Lima, por el proyecto que tenía en ese tiempo. Amor, cuando llegué a verte estabas tendido en el sofá de Pablo, el pobre empezó a disculparse por dejarte en ese estado y para dramatizar un poco más, me puse seria y…
-          Shhhh, dejemos por un momento los recuerdos- dijo Gerardo inclinándose para besar a Camila. Después de ello, ambos rieron y se dirigieron a las cataratas  a unos cuarenta y cinco minutos en auto.
Con la cámara fotográfica en las manos y muchas ganas de aventurarse llegaron por fin a las cataratas, el auto los esperaría en la entrada. A unos cien metros empezaba a oírse la caída del agua, no eran los únicos en el lugar, al parecer en estas fechas era muy concurrido, entre fotos, risas y el sonido de la naturaleza, las cataratas les dieron la bienvenida. Quitarse la ropa era lo siguiente y sumergirse en las frías aguas cristalinas que tenían frente a ellos, el calor del sol no parecía calentar el agua sumamente fría que bañaba sus cuerpos. El castañear de sus dientes les indicó que era suficiente siendo mejor  vestirse y calentarse empezaron a caer gotas de lluvia, el clima era variable que por ratos hacía sol y en otro momento llovía sin avisar. Se refugiaron bajo las ramas de los árboles hasta que pasara o se apaciguara al menos. Los demás visitantes del lugar hicieron lo mismo, en cabio no se arriesgaron a salir de su refugio como lo hicieron Gerardo Y Camila, quienes con pisadas precisas empezaron a descender para llegar a la entrada y volver al hospedaje. Por suerte al regresar la lluvia parecía haberse debilitado y cesado, salvo algunas gotas que se descolgaban de las hojas de los árboles y caían juntos a otras formando charcos.
Apresuraron el paso hasta llegar al auto, se acomodaron y abrigaron uno al otro, pues sus ropas estaban mojadas por la lluvia, en silencio vieron las fotos que habían tomado, los cuarenta y cinco minutos sumados al tiempo que estuvieron en el agua hizo lo suyo y los dejo rendidos al sueño, recostándose uno en el otro, sintiendo a penas el movimiento del vehículo sobre la carretera. El conductor por su parte estaba muy atento a lo que tenía en frente del parabrisas, mantenía una velocidad constante, sin prisas, siguiendo a una distancia considerable a los vehículos que iban delante de él. Sin embargo tal cuidado no fue suficiente para enfrentar lo que se avecinaba.
Continuará.....

Promesas Rotas III


Aquí les dejo la continuación de esta historia...

Al día siguiente, alrededor de las diez de la mañana llegaron a su primer destino, la ciudad de los reyes, la capital desde donde tomarían el avión de las once para legar a Iquitos y de allí alquilarían transporte para llegar a un hospedaje ecológico, del cual Camila había estado hablando por semanas solo para que Gerardo lo notara, y así fue.

Al llegar al hospedaje a unos veinticinco minutos de la ciudad, libre del ruido vehicular, libre de distracciones típicas de la ciudad, se adentraron a un nuevo paisaje, el aire libre, campo abierto donde se divisaba una gran construcción rústica de madera, que mostraba en su entrada algunas orquídeas que empezaban a florecer; de inmediato los empleados del lugar les ayudaron con el equipaje, mientras se registraban no dejaban de admirar la belleza que los rodeaba, el verde y marrón de todo lo que los envolvía al igual que el amarillo del calor del sol que caía sobre el lugar. Ambos aprovecharon en tomar algunas fotografías de su primer día fuera de casa después de mucho, sus primeras fotos de las miles que ambos lograrían captar en una semana, las fotos que les recordarán algo nuevo, como una aventura en lo desconocido. Sin haber salido de su asombro ante la belleza del lugar caminaron hacia lo que sería su propia cabaña construida artesanalmente, en forma de tambo, con el techo cubierto de hojas secas de palmeras, las paredes eran de madera y el interior estaba revestido de un material especial que permitía mantener una temperatura adecuada para la comodidad de los huéspedes. La habitación era amplia, en el centro una cama de dos plazas y cerca de la ventana colgaba un sillón redondo que era sostenido del techo por varias cuerdas, algo parecido a una hamaca con cojines, al lado opuesto de la ventana se divisaban unas puertas de madera talladas que pertenecían al  ropero empotrado, inmediatamente después de haber dado el vistazo general todo estaba de maravilla, un lugar amplio, cómodo y tranquilo para disfrutar sin complicaciones.
Las horas habían transcurrido rápido y luego de haberse acomodado en su habitación no había nada mejor que descansar ante el trajín que resultó ser el viaje. La noche empezaba a caer y con ella el sonido del bosque se hacía presente, se encendieron faroles en el exterior que iluminaba el camino hasta la construcción principal donde aparte de la recepción se encontraba un gran salón acondicionado con mesas para disfrutar de los potajes que ofrecían a sus huéspedes. El cielo se podía ver sin necesidad de esfuerzo, las estrellas brillaban más y parecían estar muy cerca de ellos hasta casi se podían tocar con solo alzar las manos al cielo.

Continuará...

Promesas Rotas II


 
Una semana antes
Eran las dos de la tarde y no había nadie en casa, el teléfono no dejaba de sonar, o eso era lo que ellos querían que creyeran, habían decidido que este año todo sería diferente empezando por la celebración de un nuevo año juntos de los cuatro que ya llevaban, los amigos, la familia, el trabajo pasaba a segundo plano, solo se centrarían en ellos y en lo que más les apasionaba, divertirse juntos, bailar y reír sin importarles las miradas ajenas. Una semana fuera de la ciudad era la oportunidad perfecta para realizar sus planes, el equipaje ya estaba listo y ellos mucho más. Antes de salir se aseguraron de dejar todo cerrado con llave y también dejaron un nuevo mensaje en su casilla de mensajes de voz que decía: “somos Camila y Gerardo, déjanos tu mensaje y te llamaremos luego”
El taxi los esperaba en la entrada de su casa, y el claxon del vehículo les anunciaba que llevaba mucho esperándolos, Camila y Gerardo solo intercambiaron sonrisas en lugar de decirse uno al otro, “ya ves, no debimos quedarnos hasta tarde”, salieron cargando cada quien su equipaje preparado para una semana fuera de casa; el taxista abrió el porta equipaje al tiempo que los saludaba.
El taxi se puso en marcha hacía el terminal de  buses de la ciudad, donde personas iban y venían, unas recién llegaban a la ciudad y otras saldrían de ella, por trabajo, salud, o distracción como ellos.  Mientras Gerardo  llevaba el equipaje a registrar en la zona de embarque, Camila ya tenía entre sus manos su cámara que apuntaba hacía donde él se encontraba, foto tras foto sin dejar de sonreír se fue acercando hasta estar a unos pasos en que dejó la cámara de lado y se abrazó a la espalda de él, cálido con el aroma suave y varonil que lo caracterizaba, por un momento se olvidó del ruido y los ojos que la miraban, hasta que una ligera caricia en la cabeza la hizo reaccionar a la realidad, era hora de subir al bus e iniciar un viaje de 15 horas hasta ciudad T .   Acomodados en sus respectivos asientos, esperan a que todos los pasajeros aborden y empiece en viaje que habían programado hace meses, una merecida semana de relajo juntos, esto último era su mayor motivación. El bus empezó a moverse y Camila se acomodó junto al pecho de Gerardo, tal y como lo hacía cada que viajaban juntos, cerro sus ojos y pudo sentir con mayor detalle el palpitar de su fuerte corazón, cerró los ojos y la tranquilidad iba apaciguando su respiración hasta quedarse dormida, hasta soñar un viaje juntos, hasta sentir el cálido beso que se dieron por primera vez. El vaivén que generaba el vehículo en movimiento hizo que Gerardo también durmiera. El viaje pasó sin complicaciones y esa tarde durante el viaje se encontraron ambos en un  sueño compartido.
 
Continuará...

Prosemas rotas


Me sigues haciendo daño a pesar de estar muy lejos, a pesar de haber olvidado tu rostro y tu tonta sonrisa, a pesar de haber tirado tu ropa, a pesar de haber tirado tu recuerdo a la basura, me sigues haciendo daño. Sabía desde el inicio que esto sería complicado pero no te hice caso, la idiota razón se dejó vencer en mí, y mírame ahora yo aquí en este lugar intentando odiarte y olvidarte pero aún te veo en mis sueños, aun te siento junto a mi almohada, aún te veo reflejado en mis ojos cuando me veo al espejo. Me odio por ser tan sensible, me odio, pero más te odio a ti porque acertaste respecto a mí, acertaste en todo, mis gestos, mi comportamiento, mis estados de ánimo, ¡estúpido!, por qué tuve que enamorarme de ti sabiendo que no estarías siempre conmigo, porqué prometiste nunca dejarme y fue lo primero que hiciste, porqué te sigo hablando como una tonta sabiendo que no me escuchas, ¡IDIOTA! te dije que yo debía morir antes que tu pero no me dejaste hacerlo, ahora mírame desde donde quiera que estés, ya estás feliz de verme así, llorando por dejarme sola…

De pronto el viento empezó a moverse y a jugar entre las ramas de los árboles, caían las hojas, y el viento las llevaba lejos, sin destino exacto. El viento corría rosando sus mejillas, limpiando sus lágrimas, abrazando su cuerpo, enredándose en su cabello como él lo hacía, un susurro casi inaudible se deslizo a sus oídos diciendo “lo siento”. Ella no pudo mantenerse más tiempo de pie cayendo de rodillas frente a la fría lápida de mármol blanco que empezó a golpear como si eso la liberara de todo lo que sentía su corazón; todo parecía haberse paralizado hasta sus lágrimas. Alzó el rostro mirando a la nada con ninguna expresión en el rostro, parecía cansada y sin ánimo de moverse de allí. El sol empezaba a ocultarse, a morir en un rojo incandescente, silencio, y sin darse a penas cuenta ella había recostado su cuerpo sobre el pasto con la cabeza sobre su brazo derecho que cubría una fotografía de cuando él aún vivía.

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Éste es el fragmento de una historia que empecé a escribir.
 
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