Promesas Rotas VI (final)

 
Solo se sentían ligeros movimientos que hacían estremecer su cuerpo de dolor, el brillo del sol junto con el ruidoso ambiente la confundieron, cayendo en un ligero sueño que la aprisionaba por ratos, sentía frío y ardor en las extremidades, un constante dolor en la cabeza la inquietaba, pero las voces a su alrededor le clamaban que se mantuviera quieta que todo saldría bien.

El olor a frío y medicamentos le indicaron dónde se encontraba, el pulcro lugar le trajo a la mente lo ocurrido, se tranquilizó al verse a salvo pero no duró mucho porque buscaba a alguien más. Destellantes imágenes de lo ocurrido venían a su mente, colores que se mezclaban con sangre, palabras de amor y despedida que apenas pudo oír, estremecieron su cuerpo que quería bajar de la cama y salir a buscarlo, pero las enfermeras se lo impidieron regresándola a la fuerza a permanecer recostada, sedada, durmiendo, olvidando, llorando en silencio, culpándose de lo ocurrido.  
Sus heridas físicas no eran graves, pequeños raspones y moretones que pronto pasarían, pero seguía sintiendo dolor, seguía quejándose por las heridas, seguí reviviendo cada paso, cada detalle de lo ocurrido, cada que podía se preguntaba: “Y si, no hubiésemos salido ese día”, “si hubiéramos esperado un poco más antes de regresar de las cataratas”, “si no hubiera insistido en ir a ese lugar”, “si tan solo estuvieras aquí…conmigo”
Sus tardes ya no eran las mismas, las cortinas de la casa se mantenían cerradas, la taza de café que siempre estaba lista en la mañana era la misma de hace algunos días, el aroma de su ropa se colaba entre los mínimos espacios por los que podía estar. Las luces de la casa ya no iluminaban a pesar de la intensa luz que emitían, luchar con los recuerdos la envolvían en horas de llanto, dormir o estar despierta daba lo mismo, las llamadas no dejaban de llegar pero ninguna fue contestada. Durante tres días se mantuvo la misma situación, completo silencio en la casa, hasta que entre sollozos  en plena madrugada sus labios pronunciaron su nombre y el deseo de verlo empezó a crecer en ella. No pudo conciliar el sueño y solo rondaba una idea en su mente, verlo otra vez. Llegó la mañana y empezaba a caer la tarde cuando las vestiduras de sufrimiento se guardaron en el olvido y un nuevo traje la vistió de confianza, llamó a un taxi, le dio la dirección y en diez minutos llegaron, bajó del auto, miró a su alrededor y no era la única acudiendo a ese lugar, se sintió aliviada al no ser la única en esa situación, pero luego se deshizo de su pensamiento egoísta. Paso a paso desfilaba su dolor, la compañía en todo momento, sus ojos no voltearon a los costados solo seguía una dirección, solo quería estar en un lugar, junto a él. El espacio que la rodeaba la hacía sentir insignificante en medio de tanto movimiento, en toda esta calma que la hacía desvariar. Aún de pie decidió bajar la mirada tomando esa pose como si fuese la única que conociese su cuerpo. Gotas de tristeza caían por sus mejillas hacía el césped de la fría tumba que no quiso ver cerrar, palabras silenciosas se pronunciaron en medio de la multitud y el viento no hizo más que envolverla en un abrazo consolador, haciendo que cayera recostada sobre la tumba a quien ella no olvidaría.
 
FIN...
 

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